Corrían los años 20 del pasado siglo, concretamente nos situamos en el año 1929.

Por aquel entonces, las mujeres que fumaban estaban bastante mal vistas, incluso se llegaba a asociar el hecho de que una mujer fumara con que era prostituta.

Sin embargo, las empresas tabaqueras no se podían permitir el lujo de que una sector de la población tan elevado no fumara y consumirá sus cigarrillos. Así que la American Tobacco Coporation y su presidente George Washigton Hill que se encontraba en ese momento a cargo de la marca Lucky Strike decidió llegar al público femenino. Vamos lo que se hace en cualquier sesión de emprendimiento, buscar un público que no esté explorado e ir a por él. Las palabras de Hill por aquel entonces eran:

“Estamos perdiendo la mitad de nuestro mercado porque los hombres han invocado un tabú sobre las mujeres que fuman en público”,

Así que en el año 29, este señor contrato los servicios de Edward Bernays para intentar convencer a las mujeres que el tabaco podía ser consumido también por ellas.

Bernays era sobrino de Freud y es conocido como ser el padre de las relaciones pública. Bernays conocía todas las teorías de su tío, es más cuentan que se las mandaba por correo. Bernays da para otra entrada del blog, incluso para varias de ellas, pero hoy nos quedaremos con que usaba las teorías de su tío para influenciar en el comportamiento de las personas y las grandes corporaciones estadounidenses lo sabían.

Por aquel entonces, se consideraba el tabaco era un gran supresor del apetito y la delgadez estaba de moda. Así que este señor diseñó una campaña en la que apelaba al miedo insconsciente de la mujeres por engordar. En los anuncios salían mujeres delgadas que eran interceptadas por una versión suya futura en las que estaban gordas y eso las aterraba. En las campañas promovían que las mujeres en vez de comer dulces, se fumaran un cigarrillo para evitar engordar.

La cosa no se queda aquí y hay muchas más acciones, ya que con cuatro anuncios no se conseguía cambiar el ideal y pensamiento que tenía una sociedad.

Bernays empezó a indagar que significaba los cigarrillos paras mujeres. Para ello, consultó a un referente local del psicoanálisis y llegó a la conclusión de que los cigarrillos eran un símbolo de poder masculino, llegando a la conclusión de que entonces podría lograr que las mujeres fumaran si lo planteaba como una manera de desafiar el poder masculino.

En marzo de 1929, en Nueva York, se lleva a cabo el tradicional desfile de Pascua, día en el que la gente se paseaba con sus mejores ropas… En él aparecieron un grupo de mujeres, entre las que se encontraban mujeres famosas del movimiento femenino. Estas mujeres ante la sorpresa de la gente, inesperadamente enciendieron un cigarrillo durante la marcha diciendo que sus cigarrillos eran las antorchas de la libertad y reivindicaban su derecho a la libertad.

Imaginaos la situación. Solo fumaban el 5% de las mujeres, así que esto era algo revolucionario.

Todas las cámaras empezaron hacer fotos a este grupo de mujeres para comunicar el hecho, sin embargo estas cámaras estaban contratadas por el propio Bernays para que el hecho fuera noticia.

El cigarrillo, como ya pasó con el mercado masculino, se introdujo en las clases altas para que fuera un objeto de deseo en los estratos sociales más bajos.

Y hasta aquí la historia de cómo un hecho casi «prohibido» para las mujeres pasó a convertirse en acto de libertad. Y de como el marketing o la comunicación puede utiliza un movimiento para fines comerciales. La verdad es que la historia continua pero la segunda parte la dejamos para el próximo día.

¿Pensáis qué es ético o no es ético? ¿El fin justifica los medios?

 

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